viernes, 18 de noviembre de 2016

temas complejos: ¿DEBO DISCUTIR CON MI HIJO ADOLESCENTE?




“Los padres se equivocan cuando creen que una cosa mala llevará a la otra. Si cedo en esto, todo se desmoronará. La verdad es lo contrario”. Cuando los padres son muy rígidos, aumenta la probabilidad de que los hijos sean más peleadores”, manifiesta.

La forma inteligente de discutir 

con sus hijos adolescentes

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PHOTO: GETTY IMAGES
El adversario más formidable en una discusión puede ser un joven adolescente.
Entre las edades de 10 y 13 años, los conflictos con los padres se multiplican. A esta edad, los hijos pasan a ser más independientes y comienzan a forjar sus identidades. Al mismo tiempo, el desarrollo del cerebro los vuelve más impulsivos, buscan sensaciones más fuertes y son más susceptibles a la presión de sus pares. Todos estos cambios pueden tomar a los padres por sorpresa, en especial porque en el período previo a la adolescencia suele reinar la armonía.
En el caso de los padres, aprender a dialogar en forma efectiva con los preadolescentes y los jóvenes adolescentes es una destreza crucial. Los desacuerdos sobre el tiempo que pasan frente a las pantallas de la computadora y el televisor o las salidas con los amigos pueden sentar las bases para conflictos sobre temas más importantes, como las relaciones sexuales y el alcohol que surgen más adelante.
Los terapeutas recalcan que los adolescentes que discuten son saludables. Están aprendiendo a manejar desacuerdos y defender sus puntos de vista, habilidades que son fundamentales para abordar las relaciones entre adultos. Las discusiones también reflejan que los hijos se están emancipando de sus padres y estableciendo su identidad.
“Lo preocupante es que no se produzcan discusiones”, señala Brad Sachs, psicólogo de familia de Columbia, Mariland. Los hijos más sumisos “tal vez no estén haciendo el arduo trabajo necesario para cultivar una identidad independiente”, señala.
Carl Pickhardt, psicólogo y autor que vive en Austin, Texas, afirma que las discusiones entre padres y adolescentes también revelan información importante sobre lo que está ocurriendo con los jóvenes y lo que consideran relevante. “Lo que no quiere es que su hijo misterioso”, asevera.
¿Cuál es la mejor forma de discutir con un adolescente? Los psicólogos apuntan a ciertas estrategias. Lo primero es saber en qué aspectos está dispuesto a ceder para llegar a un compromiso. Alan Kazdin, profesor de psicología y psiquiatría infantil de la Universidad de Yale, recomienda que los padres piensen 10 años en el futuro. Luego, que hagan compromisos sobre cosas temporales, como maquillaje gótico o dejar la rapa sucia tirada en el suelo, y se mantengan firmes en los aspectos permanentes, como los tatuajes.
“Los padres se equivocan cuando creen que una cosa mala llevará a la otra. Si cedo en esto, todo se desmoronará. La verdad es lo contrario”. Cuando los padres son muy rígidos, aumenta la probabilidad de que los hijos sean más peleadores”, manifiesta.
Adrienne Rizzo y Paul Rizzo han aprendido a no gritar cuando discuten con su hija Jaylen.ENLARGE
Adrienne Rizzo y Paul Rizzo han aprendido a no gritar cuando discuten con su hija Jaylen. PHOTO: JAYLEN RIZZO
El experto sugiere que, en lugar de ello, los padres piensen en tres posibles soluciones y dejen que su hijo haga lo que estime más conveniente. Subraya que los padres deben escuchar los puntos de vista de sus hijos, dejar de lado el sarcasmo y las palabras ofensivas y no traer a colación conductas del pasado. Los padres, no obstante, no deben aceptar un lenguaje irrespetuoso y deben advertirle a sus retoños que si comienzan los insultos la conversación termina. También es importante elogiarlos cuando se portan bien y es una herramienta mucho más efectiva para cambiar una conducta que los castigos.
Por tentador que sea, recurrir a los gritos no ayuda. Los hijos se pueden sentir intimidados o superados y es improbable que aprendan las lecciones que el adulto trata de impartir. Además, es más probable que los adolescentes discutan a gritos cuando sean adultos.
Adrienne Rizzo señala que la mayoría de las discusiones con su hija Jaylen, de 11 años, giran en torno al aseo de su dormitorio, que ella no quiere hacer, y ducharse en la tarde, que la niña demora más de la cuenta porque prefiere pasar más tiempo en YouTube o jugando Pokémon Go.
“Estoy sumamente cansada y no siento ganas de levantarme”, dice Jaylen, quien cursa sexto año en Nueva Jersey, sobre sus duchas vespertinas. Rizzo reconoce que alzar la voz no ayuda. Jaylen se da vuelta y pregunta ¿“Por qué siempre tienes que gritar?”, cuenta. En vez de ello, Rizzo halla que cuando mantiene su tono de voz bajo es más probable que su hija la escuche.
Cuando la situación se acalora, Rizzo dice que la herramienta más efectiva es mantener la compostura y alejarse. Una victoria en una discusión con un adolescente no será muy satisfactoria para los padres. No espere que el adolescente le diga “tenías razón”.
Los psicólogos señalan que los padres tienen que hallar un delicado equilibrio entre no ser demasiado permisivo ni demasiado estricto con los adolescentes. Si son muy relajados, perderán la autoridad para fijar límites más adelante a actividades que puedan ser peligrosas. Por otro lado, si prohíben las discusiones y exigen una obediencia absoluta, los adolescentes jamás aprenderán a defender sus puntos de vista y negociar con otros. “Son más susceptibles a la presión de sus pares porque no están acostumbrados a que su opinión sea tomada en cuenta”, dice Joseph P. Allen, profesor de psicología de la Universidad de Virginia. “Cuando sus pares les dicen que hay que tomar cerveza detrás de la escuela, ellos contestan que bueno”.
Kali Scolnick y Jeff Markle cuentan que les dan a sus hijos Corbin, de 13 años, y Kai, de 11 años, una buena dosis de autonomía a la hora de decidir como pasar su tiempo libre. El matrimonio, sin embargo, tiene algunas reglas que no son negociables. Sus hijos no pueden asociarse con muchachos que usan alcohol o drogas y están obligados a asistir a todas las actividades importantes de familia, incluyendo los partidos en los que juegan los hermanos.
“Todos vamos y nos apoyamos mutuamente”, dice Scolnick, quien tiene una empresa de consultoría en Portland, Oregon. Hace unas semanas, cuando Kai participaba en un torneo de kung fu y Corbin quería quedarse en casa durmiendo para luego encontrarse con sus amigos, el matrimonio no cedió. Corbin, insistió en su postura.
“Claro que lo apoyo”, dijo a sus padres. “Pero no creo que irlo a ver es una forma de estar con él”, manifestó. La discusión prosiguió hasta que ambos padres le dieron un ultimátum: o los acompañaba a ver el torneo de su hermano o perdía el acceso al teléfono, el televisor y la computadora. “No pasó mucho tiempo antes de que se subiera al auto”, dijo Markle, quien trabaja en el negocio de transporte.
Corbin señala que cuando llegó al evento, pensó que “tal vez no haya sido tan mala idea, Entendí lo que trataban de inculcarme”.
Eso no significa que espera que la situación se resuelva rápidamente la próxima vez que tenga un conflicto con sus padres. “Lo paso bien discutiendo”, confiesa. “Es parte de ser un adolescente”.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

investigaciones: ALTERACIONES DEL CEREBRO ADOLESCENTE POR CULPA DEL ALCOHOL


ABC.es

El alcohol retrasa el desarrollo psicológico de los adolescentes

Es  también el principal factor de riesgo de años de vida perdidos entre los 10 a 24 años


El alcohol, enemigo del cerebro







AR QUIJADA PilarQuijada3 Madrid - Actualizado: 


Los patrones de consumo de alcohol han cambiado dramáticamenteen los últimos años, pasando de la ingesta moderada (1-2 copas de vino al día), propia de los países mediterráneos, al consumo masivo por atracón en un corto espacio de tiempo, especialmente entre los más jóvenes.
Si al consumo moderado se atribuyen algunas virtudes saludables, esta nueva forma de beber se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, muerte prematura, hipertensión y accidente cerebrovascular.
Según un trabajo del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, de Santander, el alcohol es, además, la principal causa de cirrosis y trasplante de hígado en Europa, y supone el 1,8% de todas las muertes causadas por enfermedades del hígado. Es también el principal factor de riesgo de años de vida perdidos entre los jóvenes de 10 a 24 años. A esto se une un mayor riesgo de trastornos mentales, ya que el alcohol provoca alteraciones estructurales y funcionales en el cerebro, como explica María Sixta Siles, psicóloga clínica infanto-juvenil del centro Beck Psicología: «El alcohol retrasa el desarrollo psicológico normal del adolescente, cuyo cerebro está aún en formación. Afecta a la corteza prefrontal del cerebro, implicada en el autocontrol, la motivación y la fijación de metas, y puede agravar vulnerabilidades genéticas y psicológicas ya existentes».
Y además los efectos psicológicos del alcohol «provocan una deshinibición de la conducta y las emociones; cambios bruscos de humor e irritabilidad; pérdida de la capacidad de autocontrol, que puede llevar a conductas agresivas; deterioro de la atención, la memoria y la concentración y también del juicio para percibir el riesgo», explica Siles.
En especial, el consumo masivo provoca en los adolescentes bebedores, según algunos estudios, lagunas de memoria semejantes a las que se observan en adultos con una historia prolongada de alcoholismo.
«Es frecuente que el consumo de alcohol favorezca los conflictos familiares, porque el adolescente se aisla de la familia, miente y desobedece las normas», advierte esta especialista

Efecto en la descendencia

Pero el consumo excesivo de alcohol no sólo es peligroso para el desarrollo del cerebro de los adolescentes y la convivencia familiar. Incluso deja huella en el material genético, al cambiar los grupos químicos que regulan su expresión (patrón de metilación), con lo que aumenta riesgo de padecer cáncer, sobre todo del tracto digestivo, como ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS). La metilación es un mecanismo epigenético que regula la expresión del ADN en función del estilo de vida de cada persona.
Y esas alteraciones pueden saltar una generación y afectar también al cerebro de los hijos de los adolescentes bebedores, haciendo a las futuras generaciones más propensas a la depresión, la ansiedad o los trastornos metabólicos, según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Loyola, en Chicago. El trabajo se acaba de presentar en la reunión anual de la Sociedad Americana para la Neurociencia, que se celebra estos días en San Diego y reúne a más de 30.000 neurocientíficos de 80 países.
El estudio, que se basa en un modelo animal, encontró que en el consumo excesivo de alcohol en los roedores “adolescentes” altera los interruptores que encienden y apagan múltiples genes en el cerebro de sus crías. Cuando los genes se activan, ordenan a las células producir proteínas, que en última instancia controlan rasgos físicos y de comportamiento. La investigación mostró que en la descendencia de los roedores adolescentes bebedores, los genes que normalmente están activados se apagaron, y viceversa.
El consumo excesivo de alcohol entre los adolescentes es un importante problema de salud en Estados Unidos y Europa. Según algunas encuestas, el 21% de los adolescentes ha consumido alcohol durante los últimos 30 días. Y entre los bebedores menores de 21 años, más del 90% del alcohol se consume en forma de atracones. El consumo excesivo de alcohol se define como el aumento de la concentración de alcohol en la sangre del 0.08 por ciento, el límite legal para conducir y equivale a unas cinco bebidas para un varón y cuatro para una mujer.
En las crías de los roedores expuestos al alcohol, se examinaron los genes en el hipotálamo, una región del cerebro involucrada en muchas funciones, incluyendo la reproducción, la respuesta al estrés, los ciclos de sueño y la ingesta de alimentos. Los investigadores buscaron cambios moleculares en el ADN que alteraban los interruptores de encendido y apagado en genes individuales. Encontraron 159 de tales cambios en los hijos de madres que habían bebido al estilo “botellón”, 93 cambios genéticos en la descendencia de padres “botellón” y 244 cambios genéticos en las crías cuando ambos progenitores fueron expuestos al consumo excesivo de alcohol.
El estudio es el primero en mostrar una vía molecular que indica que el consumo excesivo de alcohol en la etapa adolescente no solo puede causar alteraciones en la salud neurológica de los propios jóvenes que lo consumen sino también en las generaciones posteriores, cuando cualquiera de los padres ha abusado del alcohol.

investigaciones: ALTERACIONES DEL CEREBRO ADOLESCENTE POR CULPA DEL ALCOHOL



El alcohol retrasa el desarrollo psicológico de los adolescentes

Es  también el principal factor de riesgo de años de vida perdidos entre los 10 a 24 años

El alcohol, enemigo del cerebro







AR QUIJADA PilarQuijada3 Madrid - Actualizado: 


Los patrones de consumo de alcohol han cambiado dramáticamenteen los últimos años, pasando de la ingesta moderada (1-2 copas de vino al día), propia de los países mediterráneos, al consumo masivo por atracón en un corto espacio de tiempo, especialmente entre los más jóvenes.
Si al consumo moderado se atribuyen algunas virtudes saludables, esta nueva forma de beber se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, muerte prematura, hipertensión y accidente cerebrovascular.
Según un trabajo del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, de Santander, el alcohol es, además, la principal causa de cirrosis y trasplante de hígado en Europa, y supone el 1,8% de todas las muertes causadas por enfermedades del hígado. Es también el principal factor de riesgo de años de vida perdidos entre los jóvenes de 10 a 24 años. A esto se une un mayor riesgo de trastornos mentales, ya que el alcohol provoca alteraciones estructurales y funcionales en el cerebro, como explica María Sixta Siles, psicóloga clínica infanto-juvenil del centro Beck Psicología: «El alcohol retrasa el desarrollo psicológico normal del adolescente, cuyo cerebro está aún en formación. Afecta a la corteza prefrontal del cerebro, implicada en el autocontrol, la motivación y la fijación de metas, y puede agravar vulnerabilidades genéticas y psicológicas ya existentes».
Y además los efectos psicológicos del alcohol «provocan una deshinibición de la conducta y las emociones; cambios bruscos de humor e irritabilidad; pérdida de la capacidad de autocontrol, que puede llevar a conductas agresivas; deterioro de la atención, la memoria y la concentración y también del juicio para percibir el riesgo», explica Siles.
En especial, el consumo masivo provoca en los adolescentes bebedores, según algunos estudios, lagunas de memoria semejantes a las que se observan en adultos con una historia prolongada de alcoholismo.
«Es frecuente que el consumo de alcohol favorezca los conflictos familiares, porque el adolescente se aisla de la familia, miente y desobedece las normas», advierte esta especialista

Efecto en la descendencia

Pero el consumo excesivo de alcohol no sólo es peligroso para el desarrollo del cerebro de los adolescentes y la convivencia familiar. Incluso deja huella en el material genético, al cambiar los grupos químicos que regulan su expresión (patrón de metilación), con lo que aumenta riesgo de padecer cáncer, sobre todo del tracto digestivo, como ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS). La metilación es un mecanismo epigenético que regula la expresión del ADN en función del estilo de vida de cada persona.
Y esas alteraciones pueden saltar una generación y afectar también al cerebro de los hijos de los adolescentes bebedores, haciendo a las futuras generaciones más propensas a la depresión, la ansiedad o los trastornos metabólicos, según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Loyola, en Chicago. El trabajo se acaba de presentar en la reunión anual de la Sociedad Americana para la Neurociencia, que se celebra estos días en San Diego y reúne a más de 30.000 neurocientíficos de 80 países.
El estudio, que se basa en un modelo animal, encontró que en el consumo excesivo de alcohol en los roedores “adolescentes” altera los interruptores que encienden y apagan múltiples genes en el cerebro de sus crías. Cuando los genes se activan, ordenan a las células producir proteínas, que en última instancia controlan rasgos físicos y de comportamiento. La investigación mostró que en la descendencia de los roedores adolescentes bebedores, los genes que normalmente están activados se apagaron, y viceversa.
El consumo excesivo de alcohol entre los adolescentes es un importante problema de salud en Estados Unidos y Europa. Según algunas encuestas, el 21% de los adolescentes ha consumido alcohol durante los últimos 30 días. Y entre los bebedores menores de 21 años, más del 90% del alcohol se consume en forma de atracones. El consumo excesivo de alcohol se define como el aumento de la concentración de alcohol en la sangre del 0.08 por ciento, el límite legal para conducir y equivale a unas cinco bebidas para un varón y cuatro para una mujer.
En las crías de los roedores expuestos al alcohol, se examinaron los genes en el hipotálamo, una región del cerebro involucrada en muchas funciones, incluyendo la reproducción, la respuesta al estrés, los ciclos de sueño y la ingesta de alimentos. Los investigadores buscaron cambios moleculares en el ADN que alteraban los interruptores de encendido y apagado en genes individuales. Encontraron 159 de tales cambios en los hijos de madres que habían bebido al estilo “botellón”, 93 cambios genéticos en la descendencia de padres “botellón” y 244 cambios genéticos en las crías cuando ambos progenitores fueron expuestos al consumo excesivo de alcohol.
El estudio es el primero en mostrar una vía molecular que indica que el consumo excesivo de alcohol en la etapa adolescente no solo puede causar alteraciones en la salud neurológica de los propios jóvenes que lo consumen sino también en las generaciones posteriores, cuando cualquiera de los padres ha abusado del alcohol.

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