d)
Educar
el carácter y la personalidad
El carácter constituye "ese modo propio de ser" que
distingue a un ser humano de otro, aparte de las diferencias existentes por su
apariencia externa. En casos normales, no debe considerarse el carácter como
una fatalidad en la vida humana,
fatalidad que empuja al ser humano a obrar en una determinada forma. La
psicología de la persona es el resultado de una interacción entre el substrato
constitucional heredado, el ambiente y las decisiones de la propia voluntad.
El primer elemento, a pesar de su fuerte inmutabilidad, es posible educarlo y
dirigirlo en sus manifestaciones. En cuanto al ambiente, puede estar en las
propias manos el crearlo o modificarlo en un determinado sentido.
Quienes trabajan con muchachos debe prestar mucha atención
para que adquieran la solidez y firmeza de carácter que los libre de
veleidades en el cumplimiento de los compromisos; para que formen un orden
recto entre el mundo instintivo, los sentimientos y emociones y las facultades
espirituales de la inteligencia y de la voluntad, y para que logren la armonía
del temperamento. Es fundamental que el
formador pueda detectar si la personalidad del chico o la chica se mueve por
ocultos mecanismos de defensa.
El formador debe velar
para que el muchacho o la chica alcancen una personalidad ideal (al
margen de la caracterología propia de cada quien) en la que no pueden faltar
los siguientes elementos:
o
Realista: que conozca bien sus aptitudes y
limitaciones.
o
Que
tenga un modelo de identidad, alguien con quien identificarse sanamente.
o
Naturalidad: un talante natural y espontáneo, el vivir
con sencillez, sabiendo corregir, sin dramatismos, los propios errores.
o Que tenga un proyecto de vida (saber
a dónde voy y lo que quiero hacer con mi vida, el tipo de persona que quiero
ser, más allá del simple proyecto profesional).
o
Un
proyecto con coherencia interna (vigilar las incoherencias y los
continuos cambios de planes en el horizonte de la propia vida).
o
Una correcta
ecuación entre corazón y cabeza para lograr estabilidad psicológica.
o
Organización
temporal sana: vivir en el
presente, habiendo asumido todo el pasado y con ilusión real hacia el futuro.
o
Ser dueño
de sí mismo.
o
Que
pueda poner la sexualidad en su lugar (suele requerir años de trabajo
durante la adolescencia).
o
Que logre una sana constitución corporal y
fisiológica.
Igualmente, el formador debe aprender a percibir
si el chico o la chica no están a gusto con su personalidad. Veamos algunas
manifestaciones de este disgusto propio:
o Hay inseguridad habitual en su comportamiento.
o Excesiva dependencia
de criterios ajenos.
o
Grandes cambios de humor.
o
Bloqueo de conducta ante circunstancias más o
menos difíciles.
o Reacciones agresivas
e incontroladas ante pequeños estímulos.
o Incapacidad para pensar en los demás.
o Querer aparentar más
de lo que uno es, y de un modo constante.

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