poniéndose a todo lo que lo ata y
lo limita. Su
voluntad choca entonces con cuanto constituye
el mundo esencial del niño. Y precisamente sus
características, su horizonte limitado, su
protección amistosa y el afecto con que se le
rodea, le son insoportables. Se siente a disgusto
encerrado estrechamente en sus conceptos
antiguos, en sus símbolos, en las normas que le
fueron inculcadas; tiene que hacerlas añicos o
desecharlas.
Lo
mismo sucede con la vida de la fe. Todo lo que hasta entonces era valedero: las
formas religiosas, las reglas, las razones que nos guían, son consideradas como
cosa pueril, insignificante, inocente, molesta; el comportamiento religioso
entra en un período de crisis que presenta los síntomas más diversos: el joven
critica con aires de suficiencia, rechaza la moral de sus mayores, se siente en
contradicción con la generación anterior, choca con todo lo que signifique
autoridad. Pero lo esencial en este asunto es el sacudimiento interior de esa
vida que busca espacio y expresión para una realidad naciente… Una vez dominada
la crisis, se concluye en una nueva forma esencial de fe: el joven encuentra en
la realidad cristiana un campo apropiado para la inmensidad de ese impuso vital
que surge, encontrando que en la fe un hombre libre, creador, puede sentirse
cómodo. Comprende que la sustancia de la fe no se identifica con esas
expresiones infantiles; se desembaraza de ellas y descubre otras nuevas, más
rigurosas y que se adaptan con más flexibilidad a su fe actual."
Romano Guardini
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