La adolescencia (13-16 años)


Breves pautas para el educador

1.      Hacia los 14 ellos y ellas hacia los 13 están iniciando propiamente la adolescencia, que se manifiesta claramente en las diversas áreas de su personalidad. Se aceleran los cambios fisiológicos y el desarrollo psicológico en general. El adolescente se acercará a su educador si ve en él algo que no encuentra ni en sí ni en los demás. Éste necesita mostrarle que comprende su mundo y que participa de sus problemas, debe conocer cómo piensa y cómo siente; pero debe, al mismo tiempo, mostrarse tal como deber ser todo educador: seguro de sí mismo, paciente, muy lleno de vida espiritual, sin rebajarse o renunciar a su papel en ningún momento.

2.      Su inseguridad le obliga a seguir dependiendo de un líder (se deja llevar fácilmente de los modelos que le presentan los medios de comunicación). La opinión del líder aquí, muchas veces, puede contar más que la de los padres o de los educadores sin ascendiente.

3.      El educador por tanto, debe lograr ser el líder de los muchachos más líderes en los diversos campos. De lo contrario, su labor se verá muy frenada y reducida, o incluso neutralizada por caer en el terrible escollo de enemistarse con estos muchachos por ser éstos, a veces, los más difíciles; lo cual no significa que no sea exigente con ellos y que les deje hacer lo que quieran. Debe, más bien, aprender a ganárselos con un amor verdadero y paciente, y a encauzar positivamente su liderazgo en bien de todos los que le siguen.

4.      El adolescente busca quedar bien delante de los demás, porque quiere ser aceptado; detesta, por esto mismo, que lo dejen en ridículo. Mucho cuidado, evitarlo a toda costa, porque eso sí puede romper definitivamente con él.

5.      Es capaz de traicionar su conciencia con tal de ser aceptado, pues le pesa mucho el respeto humano, lo que digan de él; se justifica continuamente. Debido a su inseguridad se hace bastante susceptible y caviloso: piensa que todos están hablando mal de él. Es un periodo en el que puede caer definitivamente en un mal grupo de amigos, por eso hay que insistirle en lo que significa la verdadera amistad.

6.      Su existencia se basa en un espíritu práctico que busca a ultranza no complicarse la vida; por eso quiere que antes de hacer una cosa le digan con detalle cómo hacerla, y se molesta si los mayores no cumplen con lo prometido.

7.      En esta etapa lo importante para el muchacho es la necesidad de un guía, de un educador que sepa dar respuestas claras a sus dudas, que sepa adelantarse a sus problemas, que le ayude a organizar bien cada jornada de su vida (pues las consecuencias de la ociosidad no son nada recomendables). Un educador que sabe acompañar sin avasallar, sin entrometerse en el "territorio adolescente".

8.      Al adolescente hay que pedirle compromisos concretos y medibles; un propósito que esté fuera de su alcance nunca será cumplido. Por el contrario, la fidelidad constante a los propósitos que les van presentando le llevará a una mayor entrega, ya que es generoso cuando tiene a alguien que les motiva constantemente.

9.      Debido a su marcado egocentrismo intelectual y psicológico, empieza a hacer sus primeros juicios valorativos, espontáneos, subjetivos y egocéntricos, en función de su insaciable afán de protagonismo. Es muy necesario, por tanto, presentarle todos los contenidos formativos, las motivaciones y las propuestas de acción social y apostólica como el auténtico modo de realizar y desarrollar su voluntad de protagonismo, pero con la meta clara de encauzarlo hacia el bien y la donación.

10.      Aunque se cree grande, sabe que todavía no lo es y no se entiende a sí mismo. En esta edad hay que saber "aguantarle", en un continuo “tira y afloja”, siempre guiado por el cariño sincero y la comprensión a ultranza. Es la edad típica de la rebeldía externa, en la que se queja por todo y gritar al adulto: "ya no soy un niño"; es el "incomprendido". El formador debe ser firme pero sin “romper”, sabiendo siempre comprender y acoger. Debe darle motivaciones contundentes (hechos más que argumentos), aunque parezca que no las acepte o entienda, o que no está escuchando. Es importante, eso sí, no entrar en discusión con él y menos públicamente: decirle las cosas claras y dejarle reflexionando.

11.      El despertar de las pasiones es más fuerte y la sexualidad se convierte en un problema ya para la mayoría. Por ello, es necesario estar muy cercano al adolescente y atenderle con continuidad y paciencia. Se debe tratar este tema con suma naturalidad y claridad y, a la vez, con mucha seriedad. Hay que estimular y desarrollar en él los resortes que le ayuden a controlar sus pasiones, y presentarle un gran ideal, ya que tiene una gran capacidad para la generosidad. La frecuente recepción de los sacramentos es un elemento clave para que pueda dominar sus pasiones. Que no le dé a sus caídas más importancia que a la gracias que recibe y a la misericordia de Dios (importante para no caer en una obsesión que lo único que logra es complicar más las cosas y aumentar las caídas).

12.      Tiende a rechazar todo lo que hacía en los años anteriores y, por lo mismo, puede enfriarse en sus compromisos con los grupos o en los ambiente sanos en los que participaba (club juvenil, deportes...). Algunos podrían alejarse aquí definitivamente de los educadores de su etapa anterior, si estos no saben adaptarse, comprender, tener paciencia.... Aunque parezca que algunos se alejen por los problemas internos que traen, seguirán vinculados afectivamente; es muy importante no perder la comunicación con éstos (nos interesa más su vida que si participan o no en lo que yo quisiera…). En esta etapa, el muchacho se encuentra con un ambiente más adverso para vivir su vocación cristiana, por ello es necesario reafirmar su compromiso, presentándoselo de forma renovada y cada vez más atractiva y comprometida.

13.      Edad de la fantasía, tiende a huir de la realidad. Se siente atraído por los grandes ideales aunque su actitud muchas veces no lo demuestre. Por lo mismo, es muy necesario saber aprovechar este elemento, al igual que su voluntad de protagonismo, para el apostolado y la acción social: dándole actividades concretas para realizar, responsabilidades en el club juvenil con los más pequeños, proyectos juveniles sanos, etc. A veces es preferible que él haga una cosa, aunque no esté muy bien, a que el formador lo haga todo y el muchacho se convierta en espectador pasivo (es necesario evitar el perfeccionismo “adulto” si queremos conectar e involucrar a los adolescentes en proyectos buenos).

14.      Frente a su idealismo subjetivo, es bueno, por otra parte, bajarle a la realidad con datos claros, experiencias atractivas, hechos de la vida que le atañen. Por ello, es muy importante la capacidad de observación en el educador, que le ayudará a conocer sus temas de conversación, sus gustos, su música, etc. Importante dedicar tiempo a escucharle, a identificar sus intereses naturales, sus problemas reales, de forma que su mundo sea el que aparezca visualizado en todas las charlas o motivaciones que le dé el formador.

15.      Sus conversaciones son apasionadas y vivas; así también deben ser las conversaciones y los momentos de formación con él. Es necesario visualizarle experiencias fuertes de la vida que le hagan pensar, ya que ahora capta mejor cualquier tipo de reflexión y los valores abstractos de la justicia, la fidelidad, etc. Le gusta que se le hable como a personas mayores, que se le respete su opinión y se le rebata con argumentos.

16.      En esta edad el adolescente empieza a mostrar un cierto desinterés por lo espiritual, pues encuentra sensaciones más intensas que le hacen replantearse toda su vida espiritual. Aquí es fundamental presentarles la moral cristiana con una nueva visión: el protagonismo de su vida. No hay que olvidar que en este momento muchos definen su opción por Dios y el tipo de relación que tendrán con Él en el futuro, aunque las consecuencias no se vean hasta después de varios años. Por ello es de vital importancia presentarle a Cristo, además como su líder auténtico, como guía firme que lo llevará a puerto seguro en medio de la tormenta por la que está atravesando. A las chicas, más avanzas afectivamente, les viene mejor presentar a Cristo como el Amigo íntimo, Aquél que le da seguridad en todo momento.



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