La pre-adolescencia (11-13 años)




    Breves pautas para el educador

    1.       Periodo caracterizado todavía por una cierta calma interior (aunque externamente el chico-a ya sea bastante "pesado") y, por lo tanto, un momento decisivo para la siembra de valores –que necesita ver reflejados en la realidad concreta-, antes de que lleguen las turbulencias de la adolescencia.

    2.       Por estos dos motivos –el período de calma y de siembra de valores- esta época es excepcional para ganar un fuerte liderazgo espiritual y humano sobre el muchacho; ya que ahora puede fácilmente identificarse afectivamente con el educador; luego será ya más difícil. En esta edad el muchacho busca modelos a imitar y su formador debe presentarse como tal (el padre o la madre ahora deben ser también modelos a imitar… no simple autoridad). El educador debe saber alegrarse con sus alegrías y preocuparse sinceramente con aquello que le preocupa; de este modo, además, logrará captar más rápidamente su atención cuando quiera hablarle.

    3.       Un aspecto característico de esta edad es que el muchacho vive para el grupo de amigos, se siente seguro en él y actúa según el grupo. Teme quedarse solo y depende mucho de los demás; está definiendo su grupo de amigos y busca, por todos los medios posibles, ser aceptado en el grupo con el que se siente identificado. Es, por ello, importantísimo conocer la índole moral del líder del grupo, tenerlo “controlado y ganado para la causa…”, y hacer del grupo de amigos un ambiente realmente sano y compacto.

    4.       Dentro del grupo pueden ser crueles con los demás para autoafirmarse; por eso, hay que hablarles claramente sobre la caridad y el auténtico liderazgo. Eliminar de raíz todo el problema del booling. Es básico que aprendan desde ahora que los "bravucones, malotes, pasados de rosca, etc." no son necesariamente verdaderos líderes y que el tiempo va difuminando su posible liderazgo. Que esas actitudes son "poses" que esconden problemas serios, a veces traumas, etc... Pueden comprender e incluso tratar a los chicos con esas actitudes, pero sin aprobar, ni mucho menos divinizar...

    5.       Y hay que empezar a poner los medios y la motivación (con sana ironía ejemplificar…) para, desde ahora, atacar cualquier manifestación de "borreguismo". Es evidente que seguirán al “líder” (y debemos aceptarlo), que no tienen personalidad conformada (sólo pocos) como para no dejarse arrastrar… Pero hay que ir poniendo las bases de una personalidad autónoma.

    6.       La pre-adolescencia es un período caracterizado por fuertes cambios en las diversas dimensiones del muchacho:
    a. Cambios fisiológicos que llegan poco a poco, pero que suelen acelerarse a partir de sexto de primaria (10 años) para ellas, y más o menos al año siguiente para ellos (11-12). Estos cambios físicos le hacen estar a la expectativa de su propio desarrollo. La importancia, pues, de los deportes es decisiva; hay que fomentarlos, sin abusar, y no permitir que los abandonen por motivos débiles. Los padres deben todavía tener una autoridad clara y bien marcada, no ceder por nada.
    b. Cambios mentales del pensamiento concreto hacia el lógico-formal, y que suponen una verdadera crisis que requiere una especial atención por parte del formador. Hay que dedicarle al muchacho bastante tiempo para hablar personalmente con él de sus cosas y para enseñarle a pensar, dado que es muy impulsivo en su expresión, no reflexiona sobre sus actos y es superficial en los análisis que hace de ellos y de las cosas. Tiene buena memoria; hay que valorarle debidamente este factor y animarle para que la potencie. La competitividad en todos los campos, también en el intelectual, es muy fuerte; por lo tanto hay que servirse de ella oportunamente, encauzándola para que no se acostumbre a las comparaciones... Le gustan mucho las historias y las anécdotas. Tiene muy buena imaginación y una gran capacidad de comprensión visual, que habrá que encauzar y potenciar con lecturas provechosas.
    c. Cambios en la afectividad, en rápida evolución. Obviamente las chicas van por delante. Estos primeros años los chicos no les hacen tanto caso, aunque el ambiente les acelera los ritmos y la curiosidad... Es necesario controlar a los más despiertos y sanear el ambiente. En su comportamiento hay “berrinches”, pero no es tan rebelde como aparenta. Teme afrontar las consecuencias de sus actos, se escuda en el grupo, se justifica; si no se le ha educado en la confianza, mentirá con más facilidad por temor al castigo. Está definiendo su mundo afectivo y espiritual, por ello está muy abierto a todo; las impresiones que reciba le quedarán marcadas para todo el resto de su vida.

    7.      Debido a los fuertes cambios que experimenta, pueden empezar a tambalearse sus hábitos disciplinares. Es necesario, por ello, explicarle la importancia de dominar y encauzar sus pasiones (“sentido del límite”, autocontrol, aprender a medir consecuencias, a pensar dos veces las cosas, sacrificio por amor...), exigirle con seriedad la disciplina (lo cual no quiere decir que se le debe someter a castigos más frecuentes; se trata de asumir con motivación unos principios), decirle las cosas con claridad y pedirle cuentas por lo que ha hecho o dejado de hacer. Esta actitud, sin embargo, no está reñida en absoluto con el respeto, la comprensión y la paciencia. La disciplina debe ser flexible (que no es lo mismo que voluble). Los reconocimientos y estímulos le ayudan más que los castigos y las amenazas para salir de un mal comportamiento. Si es necesario el castigo, éste debe ser justo, no de efecto retardado y proporcionado a la falta.

    8.      Posee una gran energía y dinamismo que hay que encauzar desde ahora ofreciéndole muchas y variadas actividades, de preferencia en un grupo juvenil católico, con acción social abundante, sin miedo a pensar que es muy pequeño todavía... Es importante no olvidar que se ve el héroe de grandes empresas; por ello hay que plantearle su vida como una gran misión, un gran ideal. Por otro lado, está habituado a perder mucho tiempo viendo la televisión o entretenido con juegos electrónicos, por ejemplo; aunque también está abierto a ilusionarse por otros muchos intereses: hobbies, colecciones... Hay que aprovechar que aún es moldeable en sus pasatiempos y gustos para entusiasmarle con actividades sanas donde se pueda empezar a dar a los demás. Los padres que no propongan esto ahora, quizá se arrepientan en un par de años.

    9.      Cuando se habla con él hay que hacerle participar. Su imaginación viva le pide estar siempre moviéndose y viviendo experiencias, por ello, hay que hablarle con imágenes y no alargarse más de lo conveniente (ni sermones largos, ni conferencias sin dinámicas). No conviene tenerlo sentado más de media hora (mejor dos partes con descanso, que una conferencia larga...).

    10.   Pocas cosas son necesarias para que un preadolescente se encuentre en su ambiente: un balón ellos, un concurso de baile ellas…, un ambiente alegre, un líder que les dé seguridad. Cuando el preadolescente se siente a gusto, en su ambiente, está totalmente abierto a lo que su educador quiera sembrar en él. En cambio, cuando el ambiente le es incómodo, aburrido, con toda seguridad no querrá participar más del él o, al menos, tratará de evitarlo de mil maneras (evasiones físicas o mentales).

    11.    Está claro que hay que repetirles las cosas, pero saber hacerlo de forma renovada, con nuevos matices, con creciente entusiasmo, con nuevos recursos visuales y dinámicas, de tal manera que no se aburra o que "desconecte" más rápido de lo que quisiéramos. Educador que no se recicla, educador que va rápido al "banquillo" del pre-adolescente y más del adolescente.

    12.   Hay todavía mucha receptividad hacia todo lo sobrenatural y espiritual, aunque pueda haber mucha ignorancia o mucha superficialidad o rutina (hábitos aprendidos en casa o en el colegio pero aún no asimilados). Es importante, sin embargo, ir eliminando cualquier elemento de mecanicismo o de egoísmo en el ejercicio de la oración, de la relación con Dios. Obedece por sentido de autoridad y no tanto porque sea la Voluntad de Dios; hay que tratar de que busque cumplirla por encima de todo, porque Dios es amor y sólo le puede pedir cosas para su bien. Es la etapa donde busca un líder de su pandilla, ojalá encuentre que Jesucristo puede y debe ser el gran amigo y el gran líder, el que nunca falla.

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